¡LOOR A SANTA CECILIA!

 
¡LOOR A SANTA CECILIA!
Por María Eugenia Steinmetz Corral (fotos y texto)


IN MEMORIAM
A  nuestra madre, María de la Concepción Corral Linaje, 
con cariño, gratitud y admiración. 
En la “Bendición del peregrino”  se invoca a Dios para que cuide de los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela. Nosotras hacemos nuestras las palabras que en ella se dicen, porque cada vez que las escuchamos están definiéndote a ti, que has sido, eres serás:
 “compañera en las marchas, guía en las encrucijadas,
aliento en el cansancio, defensa en los peligros,
albergue en el camino, sombra en el calor, 
luz en la oscuridad, consuelo en el desaliento
y, firmeza en los propósitos”.
 
Beatriz y María Eugenia Steinmetz Corral



¡LOOR A SANTA CECILIA! 
“Mientras sonaban los instrumentos musicales,
ella en su corazón a su único Señor cantaba”
(“Actas de Santa Cecilia”)

22 de Noviembre. Festividad de Santa Cecilia. Nubes rosadas cubren el cielo y su reflejo tiñe las apacibles aguas de la playa Salvé de Laredo. Preludio de  un cálido y hermoso día  que nos ofrece el otoño. Con estos buenos augurios emprendemos nuestro camino rumbo a Tarrrueza, la tierra donde se venera a Santa Cecilia de Roma,  la patrona de los músicos, poetas y  ciegos y, bajo cuyo patronazgo están  las ciudades de Albi (Francia),Omaha (Estado de Nebraska, EE.UU.),y Mar del Plata (Argentina).

Subiendo por la rampa de la Plaza Cachupín nos adentramos en la principal artería del Arrabal de la Mar: la rúa San Francisco, donde confluían el Camino del Norte o  de la Costa Cantábrica  transitado, entre otros, por los peregrinos de antaño como lo hacen   los de  hogaño   en su andadura hacia Santiago de Compostela y, el Camino de Castilla que frecuentaban  arrieros, mulateros, comerciantes y personajes principales de la realeza.

Desembocamos en la calzada de San Lorenzo, disponiéndonos  a subir uno a uno los ciento cuarenta y cinco escalones, traspasando  la puerta de San Lorenzo abierta en las murallas que protegían el Arrabal de la Mar. Una vez franqueada  nos encontramos extramuros de la villa en una ascensión entre muros : a la izquierda una ventana ojival   tapiada nos retrotrae a épocas en las que la vigilancia de los accesos a la villa era de vital importancia para la tranquilidad de sus moradores y visitantes; a la derecha  una cruz de piedra sobre una puerta que da acceso al huerto de las Madres Trinitarias y, otras puertas más de otras tantas huertas. El último escalón nos pone en comunicación con el Camino Alto, por donde discurre  la carretera nacional N-634 que data del siglo XIX.
Este tramo del camino ofrece unas bellas panorámicas: desde las ruinas del palacio de San Nicolás y la capilla homónima o de San Roque, la monumental espadaña de la iglesia de San Martín,  el apiñado Conjunto Histórico-Artístico de la Puebla Vieja y El  Arrabal de la Mar,  en el que destacan los  tejados rojizos y la gótica iglesia parroquial en lo alto de la ladera del protector monte de la Atalaya; la playa Salvé hasta El Puntal, donde se ha forjado  el Laredo contemporáneo: la ciudad jardín con sus chalets, el sky-line laredano formado por los altos edificios de viviendas turísticas; la ría de Treto, que antes de  desembocar  en la bella bahía ha formado la estuarina playa de El Regatón; Santoña, Montehano con el monasterio de Padres Capuchinos donde se venera a la Divina Pastora y, resto de poblaciones que jalonan el curso del  río Asón.

Un poco más de caminata y llegamos al Barrio Santa Ana. A partir de ahora la senda parecerá una montaña rusa por las subidas y bajadas del terreno, adornada por  una vegetación  rica en  laurel, avellanos y,  castaños, a los que se unen las notas de color aquí y allá de los redondos frutos rojos del rusco, las florecillas malvas y,  las  blanco-amarillas que sobresalen en las orillas del camino alfombradas de verdes tréboles e irritantes ortigas….



En el Barrio Santa Ana  se encuentra la depresión homónima, donde se localizan la cueva de la Teja, la sima de la Teja, el sumidero de la Teja  y,  el sumidero del Gallo.

De repente, a la izquierda de la calle arquitecto Joaquín Rucoba, la visión de  la  blanca y pequeña ermita de Santa Ana, que los vecinos de Tarrueza Juan de Rucoba y María de la Gándara construyeron  a finales del siglo XVI, siendo  reformada en 1891 por un descendiente suyo, el arquitecto Joaquín Rucoba y Octavio de Toledo, hace aflorar a nuestra memoria recuerdos de alegres romerías a este lugar para  celebrar el 26 de Julio la festividad Santa Ana y San Joaquín ,  los padres  de María, madre de Jesucristo. La procesión desde la ermita hasta el Barrio de Santa Ana,  la misa en su honor, la comida campestre en los prados colindantes a la benéfica sombra de algún árbol frutal, la música, los puestos ambulantes con las típicas avellanas, garrapiñadas y,   rosquillas…. Y, al atardecer el regreso a Laredo cantando por el Camino Alto:
 
”Vengo de la romería de la gloriosa Santa Ana,
donde se ve la alegría de la gente laredana….”

Y esta otra “canta”: 
 “Santa Ana está en un alto,
nadie la tirará,
más de cuatro quisieran  
tirarla y no podrán.
¡Ay chivirivirí! Viva la venta,
viva la venta,
¡Ay chivirivirí! Viva la venta 
de San Martín.
Cuantos ricos se mueren de sentimiento
y  yo con un chicharro vivo contento.
¡Ay chivirivirí! Viva la venta,
viva la venta,
¡Ay chivirivirí! Viva la venta 
de San Martín.”
 
En aquellos días evocados acompañaban nuestros pasos hacia Laredo   numerosos puntitos de luz  deslizándose  a saltos por el sendero cuesta abajo: eran  las luciérnagas.

Rememorando todo esto, va quedando atrás la ermita y, a pocos metros llegamos a un ensanchamiento del camino que forma una placita a cuyo alrededor se levantan varias casas: gatos al sol cual guerreros custodiando la entrada al hogar, multiformes y coloridas calabazas reciben los rayos del sol encima de un banco. En la cerca de entrada a una casa el cajetín de madera nos habla de antiguas costumbres, cuando el repartidor del pan lo colocaba en él; o bien el cartero depositaba la correspondencia e, incluso  pudiera ser el lugar donde dejar la prensa diaria. 

En el recodo del camino que sube hacia  el Barrio de San Roque una edificación con elementos arquitectónicos de siglos pasados atestigua la antigüedad del solar. Su morador , Remigio Herboso, ya fallecido, formó    parte durante más de cincuenta años  de la historia contemporánea de la “Batalla de Flores de Laredo”, demostrando entusiasmo, tesón y cariño a la fiesta construyendo carrozas que eran  trasladadas desde su solar  a la “pista” laredana para formar parte del floral cortejo  de arte, naturaleza, colorido y fantasía que es el  centenario desfile de carrozas de la fiesta por antonomasia de Laredo, que ha alcanzado el título de “Fiesta de Interés Turístico Nacional”: la “Batalla de Flores de Laredo”. Con motivo de su cincuenta aniversario como carrocista Remigio Herboso  fue distinguido con un Diploma Honorífico.
 
Subiendo la empinada cuesta del camino dejamos atrás el Barrio de Santa Ana, para seguir por  el Barrio de San Roque. A  la vera de la senda aparecen unos ubérrimos racimos de uvas negras que cuelgan del emparrado que  proporciona benéfica sombra a sus moradores; un poco más adelante las  cabriolas,  y elegantes movimientos de la doma clásica  de caballos diestramente conducidos por sus jinetes deleitan nuestro caminar entre la campiña; en un alto se levanta el edificio de las escuelas adonde  antaño los niños y niñas de Tarrueza acudían a  estudiar,  hasta que llegamos a una encrucijada de caminos donde otrora se hallaba  la ermita de San Roque en lo que hoy es el jardín de una vivienda unifamiliar y que dio nombre a estos parajes. De aquí, tomamos a la izquierda  el camino de fuerte pendiente transitado por los peregrinos del Camino del  Norte o de la Costa   a  Santiago de Compostela. A la derecha se ha improvisado un emotivo altarcito en la pared de la senda en recuerdo de un peregrino que finalizó en este lugar su última etapa del camino. 

La cueva de Baranda se sitúa a la derecha  de la carretera que baja al Barrio de Santa Cecilia. Escenas bucólicas acompañan nuestro descenso por este barrio: una gallina con sus polluelos se pasean bajo  los  tibios rayos solares de este cálido otoño; un colorista espantapájaros se yergue en mitad del sembrado  protegiendo  el maizal de los hurtos de las aves.  Inesperadamente  se amplía nuestro ángulo visual y  aparece de frente la  perfecta forma troncocónica, cubierta por un bello manto natural de terciopelo verde, del Alto de Retorín,  Castrojeniz  o Peña de La Maza, que custodia el castro o  “poblado de la Edad del Hierro” descubierto en el año 2004 y, en la hondonada, junto al discurrir del  arroyo San Juan  de límpidas aguas ,  la iglesia de Santa Cecilia y, más allá el camino se adentra en el Barrio de Platería, donde muchos siglos ha pudieron asentarse mercaderes judíos y, aún hoy  conserva  antañonas edificaciones: una torre de piedra de sillarejo y esquinales de sillar   y, bellos arcos carpaneles en sendas viviendas. 

La cueva de La Presa y la sima que hay junto a la cavidad,  a la que los espeleólogos han denominado Sima 7, se encuentran en Tarrueza, así como en el denominado arroyo de los Molinos, en el barrio de Valmejor, existieron  molinos hidráulicos.
Pero, nuestra meta está en la iglesia de  Santa Cecilia.

TARRUEZA
Cuando llegamos al paraje, el aroma de la hierba fresca recién segada por  hábiles manos  que han madrugado  perfuma el ambiente de la campa de la iglesia, pero, aún los rayos de Helios, dios del Sol, no han derretido las lágrimas que su hermana, Eos, la Diosa de la Aurora, ha depositado en el césped en forma de rocío cuando Selene,  la otra hermana de Eos y Helios, ha desaparecido dejando paso  al lucero del alba, Venus, que precede la llegada de la Diosa Aurora.


IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA CECILIA
La iglesia parroquial de Santa Cecilia se encuentra en la encrucijada de los barrios La Platería, El Solar y el desaparecido barrio antiguo, por donde pasa el camino que iba de Liendo a La Arenosa y, junto a uno de los puentecillos del río San Juan que discurre próximo.

Nos acercamos al  atrio del templo  donde Juana, Pilar y Estefanía, con su entusiasmo, voluntad, dedicación  y devoción  se afanan en dar los últimos toques aquí y allá para que todo esté a punto para honrar a su Patrona. Y a fe que lo han conseguido, pues no falta  ni el más mínimo detalle, como iremos comprobando a lo largo de la jornada.

La iglesia de Santa Cecilia es un templo de amplias proporciones, de una sola nave y  ábside recto, que ya existía en el siglo XV, habiendo sido  rehabilitada en 1978.Como la mayoría de  las iglesias rurales tiene un atrio porticado, cubierto con tejado de tejas rojas, a su vez,  sustentado por cinco pilares de madera con capiteles en los que se han labrado  motivos florales, que cobija la  puerta principal  de acceso   al interior del templo. 

A la izquierda de la portada de entrada  se encuentra una placa conmemorativa que hace alusión al año de rehabilitación de la iglesia: 

“ El Padre Andrés y Miguel A. con el pueblo de Tarrueza 
a su Patrona Santa Cecilia.
Por las Obras. 22.11.1978”
 
Espaciosa, pulcra y ordenada la iglesia es de una sola nave con  capillas laterales en el muro izquierdo. Tres  bóvedas  de crucería descansan sobre pilastras con capiteles sencillos. En el  ábside recto  se encuentra el altar mayor que alberga un bello retablo de estilo prechurrigueresco de tres pisos  y ático dedicado a la Santa Patrona de Tarrueza, Santa Cecilia, cuya imagen lo preside.

En el lado de la Epístola se encuentran la sacristía y, en el segundo tramo de la nave se halla un pequeño púlpito labrado en hierro.

RETABLO DE SANTA CECILIA

El  bello retablo está realizado en madera policromada. Predominan los tonos azules y dorados combinados, en menor medida, con los rojizos. La predela está adornada con motivos decorativos y, en el Sagrario está representado Jesucristo Resucitado.

Los dos primeros pisos del retablo están divididos en tres calles, a su vez enmarcadas por columnas estriadas que terminan en capiteles con los tres órdenes clásicos: dórico, jónico y corintio. El tercer piso cuenta con una calle y, probablemente el retablo estuvo coronado con una representación del Padre Eterno, que aparece sobre el dintel de la puerta que comunica la sacristía con el altar mayor. Pudo haber sido desprendido del retablo porque su altura sobrepasa la del lugar donde está colocado.

En el primer piso, en  la hornacina central está  la  bella talla de Santa Cecilia,  representada con la palma del martirio en la mano derecha, en la izquierda un libro abierto y, coronada con corona, lo que  denota su origen noble. Está ataviada con vestido  en el que predominan  los tonos verde-azulados, dorados, naranja y túnica floreada e interior liso en tono anaranjado. Junto a ella, en el lateral izquierdo se han tallado tres tubos de órgano, en alusión  a que es Patrona de la Música. En  las  hornacinas de la Epístola y del Evangelio se  representan  escenas relacionadas con la vida de la Santa. Las columnas que enmarcan estas calles son estriadas con capiteles corintios. Un frontis triangular cimera cada una de las hornacinas.

El segundo piso está dedicado a la Virgen María. En el lado del Evangelio aparece la Sagrada Familia o La Natividad:  San José, La Virgen María y el Niño Jesús en el pesebre a quienes acompañan la mula y el buey; en el centro la Virgen María  con dos ángeles y,  en el lado de la Epístola la Anunciación del Ángel Gabriel  a María. Las calles de este segundo piso también cuentan con columnas estriadas con capiteles, en este caso, de orden  jónico y, un frontis redondo  rematando  cada hornacina.

El tercer piso o Ático cuenta con una sola calle en cuya hornacina central aparece la representación del Calvario sobre un paisaje como fondo:  Jesucristo en la Cruz, y a sus pies María, su madre y, San Juan. Las columnas que lo enmarcan son doradas y estriadas con capiteles de orden dórico y, el frontis es redondo.

Lucas Gutiérrez Palacio, cura beneficiado de esta iglesia nos informa que “La iglesia toca al lugar, (de Tarrueza),excepto la capilla de San Sebastián que es de la Casa de Piedra”. Creemos que se refiere a la capilla que hoy se conoce como de la familia Gándara, que está en el lado del Evangelio. Cuenta con tallas de Santa Cecilia, La Virgen del Rosario y San Antonio.

MIGUEL ANTONIO DE LA GÁNDARA Y PÉREZ DE SOPEÑA (Liendo, 1719- Pamplona, 1788) . AGENTE DE PRECES EN ROMA.

Queremos traer aquí a un personaje del siglo XVIII  que aunque no nació en Tarrueza , sus raíces familiares se hunden aquí, pues sus abuelos  eran naturales de este lugar. Se trata de Miguel Antonio de la Gándara y Pérez de Sopeña nacido en Liendo en 1719 y fallecido en Pamplona en 1788. El nieto de los vecinos de Tarrueza, Bernabé de la Gándara y María de la Piedra, Miguel Antonio de la Gándara, había nacido en el seno de una familia de hidalgos acomodados que vivían en el Barrio del Noval del valle de Liendo. Siguió los estudios eclesiásticos, lo que no le impidió ser un ilustrado, reformador y economista, cuya obra “Apuntes sobre el bien y el mal de España”, escrito de orden del Rey de las dos Sicilias, en Nápoles el 5 de Junio de 1759, fue tenida en cuenta entre los arbitristas más avanzados y los proyectistas del siglo XVIII. Durante el período de 1750 a 1758 fue nombrado Agente de Preces en Roma, desempeñando su cometido con diligencia, celo profesional, y una eficacia reconocida. 

Múltiples fueron las preces obtenidas durante los años que ocupó la Agencia. Él formó parte del equipo de personas que colaboraron en las negociaciones del Concordato firmado entre España y la Santa Sede en 1753. Un año después, 1754, se conseguía la erección del Obispado de Santander, tras largas y difíciles negociaciones en  las que tomó parte Miguel Antonio de la Gándara. 

Sin embargo, todo su buen hacer, diligencia, celo y, en definitiva, profesionalidad y compromiso con la tarea a desempeñar le fueron ganando enemigos y, a la larga, le costaría el cargo de Agente y el vivir prisionero de Estado, en la fortaleza de Pamplona, durante diecisiete años.
Miguel Antonio de la Gándara ha merecido la atención del escritor Arturo Pérez-Reverte y en su libro titulado “La Carta Esférica”  uno de los personajes es el “abate Gándara”, basado en la vida del nieto de Bernabé de la Gándara y María de la Piedra.

JUAN ANTONIO RASCÓN NAVARRO SEÑA Y REDONDO. PRIMER CONDE DE RASCÓN Y VIZCONDE DE LAGASCA
(Madrid, 1823- Madrid, 1902)
En  Tarrueza nació en 1780 Nicolás Antonio Rascón, quien marchó a vivir a Madrid desempeñando un alto cargo en la Secretaría de Estado y despacho de Gracia y Justicia. Se casó con María de los Santos Navarro y Redondo. Hijo suyo nacido en Madrid en 1823 y fallecido  en la misma ciudad el 26 de Agosto de  1902,  fue el  Vizconde de Lagasca y Primer Conde de Rascon: Juan Antonio Rascón Navarro Seña y Redondo.

Doctor en Derecho ejerció la abogacía, escribió artículos en la prensa, así como fue Capitán en la milicia nacional. De este cargo paso a ser  nombrado ministro de España en Parma y Toscana, Roma, Frankfurt, Berlín,  Constantinopla y Londres, desempeñando el cargo con gran brillantez. Asimismo fue nombrado Diputado y Comisario de los Santos Lugares. También fue nombrado  Senador Vitalicio por Real Decreto de 5 de Septiembre de 1881.Por los servicios extraordinarios prestados a España durante la guerra franco-prusiana le fueron concedidos los títulos de  Vizconde de  Lagasca el 29 de Abril de  1872 y,  tres meses después el de Conde de Rascón el 6 de Julio de ese mismo año. Estuvo en posesión de las más altas condecoraciones nacionales y 14 grandes cruces extranjeras, siendo uno de los embajadores de  más autoridad de la segunda mitad del siglo XIX.

Continuando con la descripción del templo, en el  lado del Evangelio del mismo  , se encuentra un  pequeño recinto con pila bautismal labrada en piedra y, frente a la puerta principal de acceso al templo, se halla el altar  de  San José sosteniendo en brazos  a su hijo el Niño Jesús, que  recientemente ha sido  rehabilitado por el Taller de Cartes con la colaboración del  Excmo. Ayuntamiento de Laredo.

A los pies de la iglesia, en el piso superior  se encuentra el coro con barandilla de madera y órgano, al que se accede por una escalera de caracol que después continúa hacia el campanario, una torre cuadrada de piedra sillar. Integrado en este templo se halla el edificio que cumplió las funciones de escuelas.

La iglesia  guarda dos piezas del culto litúrgico  que son la cruz procesional de nudos, fechada en la segunda mitad del siglo XVI y, la patena, pieza excepcional por su tipología. Es de plata y data del año 1676. Su descripción es como sigue “Plata circular con campo en rehundido y un pequeño cáliz central de evidente significado, de pie circular, nudo en forma de jarrón y copa de perfil recto con el fondo semiesférico, carente de decoración.
El ornato se resuelve con el grabado del campo dividido en cuatro gallones con flores y delfines, y sencillas hojas en el reborde. Una Hostia encajada en la copa del cáliz con la representación de una cruz latina”.

Lleva grabada una inscripción en el reborde del envés “ PARA LA FABRICA DEL SANº, SACRAMº, DE LA PAROqVIA DE SANTA SECILIA DEL LVGAR DE TARUESA.AÑO DE 1676”.



SANTA CECILIA DE ROMA

Santa Cecilia.Autor: Ambrosius Benson (1495-1550),en la Weiss Gallery 
Cecilia de Roma, conocida como Santa Cecilia, fue una noble romana convertida al cristianismo y martirizada por su fe en una fecha no fácil de determinar, entre los años 180 y 230. Su muerte se conmemora el 22 de noviembre. Fue canonizada en 1594 por el Papa Gregorio XIII. Es patrona de la música, los poetas, los ciegos (como Santa Lucía de Siracusa ) y de las ciudades de Albi (Francia),Omaha (estado de Nebraska, en EE.UU.) y Mar del Plata (Argentina). Se la suele representar con un órgano, un laúd y las rosas. En honor a ella, un importante movimiento de renovación de la música sacra católica de finales del siglo XIX recibió en nombre de “ cecilianismo”.

Hacia el año 480 aparecieron unas “Actas de Santa Cecilia” anónimas, escritas en latín, donde se relata la vida de esta santa y su martirio.
La basílica  actual de Santa Cecilia en Roma se halla en el Trastévere,  cerca del puerto Ripa Grande sobre el río Tíber.

Basílica de Santa Cecilia en Trastevere (Roma) 







FESTIVIDAD DE SANTA CECILIA EN TARRUEZA

El día 22 de noviembre Tarrueza  conmemora la festividad  de Santa Cecilia y se viste de gala para celebrar tal efeméride con actos religiosos y festivos. El día de la Santa, sea laborable o festivo,  tiene lugar la procesión de su imagen llevada en andas por mujeres alrededor de la iglesia, por el antiguo camino de Liendo a La Arenosa. A continuación, se celebra la Santa Misa oficiada por el párroco del lugar. Una vez finalizados los actos litúrgicos, comienzan los festivos anunciados por el sonido de los cohetes.

En la campa de la iglesia tiene lugar la degustación de productos típicos de Cantabria, mientras el rabelista acompañado de los dulces sones que arranca a su rabel va desgranando la letra de tradicionales coplas que alegran a los lugareños y romeros venidos para honrar a Santa Cecilia.

En un determinado momento de la historia, los vecinos de Tarrueza decidieron que si la festividad de la Santa caía en día laborable se volviera a celebrar el domingo más próximo para que quienes tuvieran obligaciones laborales pudieran honrar a su patrona. De esta forma, el domingo siguiente a la festividad  se vuelve a festejar a Santa Cecilia  con misa cantada y  la asistencia de las autoridades del  Excmo. Ayuntamiento de Laredo. 

Tarrueza ha sabido conservar una de las tradiciones más hermosas de la historia de la jurisdicción laredana gracias a la voluntad de tantas generaciones de sus vecinos para que no cayera  en el olvido  y, ofrecer al caminante que se acerca a este solar una  estampa costumbrista que al conocerla  y vivirla, inmediatamente,  nos traslada a las páginas escritas por los insignes escritores de Cantabria José María de Pereda y Manuel Llano, entre otros. Parece como si ellos hubieran vivido también esta fiesta y, después la hubieran  trasladado a  sus obras para dejar constancia de su existencia y, una vez plasmada en ellas hacerla inmortal.

Por todo esto, los vecinos de Tarrueza que en la actualidad se afanan tanto en preservar su fiesta,  algo  que nos consta, tienen la obligación de involucrar a las nuevas generaciones en la conservación  de la Festividad de Santa Cecilia y, estas nuevas generaciones han de coger el testigo, teniendo el compromiso histórico de preservar y engrandecer esta bella tradición que forma parte del acervo histórico de Laredo y su jurisdicción. No nos queda más que decir :¡Gracias Tarrueza por vuestra fidelidad a vuestra fiesta!.

María Eugenia Steinmetz Corral 

Nota de la Autora: Fue en el año 2012 cuando acudí por primera vez a Tarrueza para conocer la celebración de la Festividad de Santa Cecilia. Todas las sensaciones, impresiones y recuerdos que se fueron agolpando en mi mente a lo largo del recorrido hasta llegar al lugar,  las dejé plasmadas en el  relato anterior que comencé a escribir  a mi regreso a casa. Tuve una oyente de excepción: mi madre. A medida que le leía lo escrito, la emoción y  la alegría por la evocación del “esplendor en la hierba”  de las romerías a Santa Ana nos fueron atrapando y,  al igual que  Wordsworth escribió descubrimos que  “la belleza subsiste  en el recuerdo”.  Por eso,  he querido que este relato que compartimos juntas forme parte de nuestro homenaje a su memoria. 
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