"La gente se queda pasmada por la envergadura del edificio"

 
Fernando Baylet -Guía de Santa María de la Asunción- 
31/08/2020 / Fernando Baylet -Guía de Santa María de la Asunción- 

Texto: Javi González

Lleva décadas desvelando los secretos de la iglesia de Santa María de la Asunción a los miles de turistas que cada año la visitan. Su pasión por esas piedras cargadas de historia se extiende mucho más allá de su jornada laboral, y tiene la virtud de hacerla contagiosa a quienes le rodean o le siguen en las redes sociales. Conversar con Fernando Baylet (1961) es un disfrute por la cantidad de anécdotas y detalles inadvertidos a primera vista que él ha sabido desentrañar, merced a esa afición por hacerse preguntas como si fuera el primer día en el que accede a la “catedral” laredana.

 

Otro año más de guía. Y van...

Yo empecé en el año 99, por una carambola, una casualidad de la vida. Y así han transcurrido 21 años. Si me hubieran dicho de chaval que iba a estar de guía turístico, hablando del arte religioso, del gótico… hubiera dicho que estaban locos. Pero surgió, comencé en esta faceta y vi que ahí había un mundo nuevo por descubrir, un montón de cosas por comentar. Siempre he tenido la inquietud por la Historia, y el amor por el Patrimonio. por el Arte, era algo que llevaba conmigo, pero tampoco se me había despertado con tanta voracidad como la que he ido adquiriendo con el paso del tiempo. A base de visitas, leer e investigar por tu cuenta, accedes a un conocimiento que luego tú trasladas a los demás y parece ser que es lo que gusta, lo que funciona.

 

Este año estará en cabeza en lo relativo a singular y raro.

Este es un año completamente atípico. Quitando la gripe de 1918, nadie ha vivido algo así. Ha tumbado los organigramas económicos y sociales del país, nos ha pillado de imprevisto, nadie se podía esperar que llegase algo similar a aquellas pestes del siglo XVI. En un año normal venían grupos en excursiones organizadas, que ya contaban con esta visita en su ruta. La iglesia de Santa María es un recurso estratégico, unido a otras alternativas como la gastronomía, sobre todo en época de lluvia, porque tiene el añadido de estar a cubierto. Si lo presentas bien, le das a la visita cierto ritmo, sin dar clases magistrales de arte, ves que los visitantes te siguen, les tienes absortos, mirándote con los ojos abiertos como platos.

 

Háblame de cifras

Si nos ceñimos a julio y a agosto, tradicionalmente estaríamos rondando las 3.500-4.000 personas por mes. Sin embargo, este año hemos registrado 1.600 visitas en julio y 1.800 visitas en agosto, a falta de contabilizar hoy lunes. Este bajón se ha visto agudizado por el tema de los oficios religiosos, como los funerales, más frecuentes que otros años, que han impedido que se hubieran sumado nuevas visitas al cómputo total. En todo caso, la bajada ha sido significativa, tanto en los grupos como también en los peregrinos, con una afluencia muchísimo menor que la que venía siendo habitual. Es una lástima, porque se venía haciendo una muy buena labor, había ya una forma de funcionar muy bien engrasada, con la agencias y turoperadores teniéndonos como un lugar seguro, y ahora todo eso se ha paralizado.


¿Se ve ya con normalidad el tema del cobro del euro por entrar?

Cuando yo empecé no se cobraba entrada, y lo único que se hacía era apuntar el número de personas que venían. Desde hace unos años se implantó el cobro de un euro por la entrada, como una forma de sufragar los numerosos gastos de mantenimiento de la propia iglesia. De paso, ese ticket servía para regular temas algo delicados, como personas que accedían en bañador, o visitantes que se acomodaban en un banco y se dedicaban a comer pipas. La inmensa mayoría de la gente que nos visita valora favorablemente la medida, la entiende, es gente que ha viajado y sabe que el precio es irrisorio si se compara con lo que cuesta entrar a otros lugares. La propia entidad de Santa María, un Monumento Nacional desde 1931, con joyas en su interior como el Retablo de la Virgen de Belén, compensa con creces el pago de un euro por la entrada.

 

La necesidad del mantenimiento ha quedado de manifiesto en los últimos tiempos

Aquí la última actuación sobre el tejado data de los años 80. Estamos en la zona más alta de la Puebla Vieja, los temporales de invierno te mueven medio tejado, las tejas envejecen, las tablas que están bajo ellas también, así que el problema de goteras era terrible. Siempre estamos pensando que tienen que venir grandes magnates con economías muy solventes para poder acometer este tipo de obras. Siempre damos vueltas en este círculo: como se necesita una gran cantidad económica, se buscan grandes remedios, en forma de alguna fundación.

Y ahí llegó la iniciativa audaz de apadrinar tejas. ¿Cómo se gestó?

Estábamos el cura y yo en el pórtico valorando qué iniciativas adoptar o a qué puertas tocar para recaudar esos fondos para arreglar el tejado. Pero con más ganas que fe. Y ahí salió la idea. Lo cierto es que había una necesidad acuciante. El tema de las goteras iba cada vez a peor, y ya se encendieron las alarmas cuando se cayó el alero de la puerta del cementerio, en vísperas de la festividad de Todos los Santos. Ya anteriormente se nos había inundado la capilla de la Virgen del Carmen. Y veíamos que el daño en el tejado iba a más. El panorama no pintaba bien, tampoco a nivel institucional, ya que se había hecho el plan Director de otras iglesias monumentales de Cantabria, y la de Laredo había quedado olvidada, de forma inexplicable. Entonces empezamos a pensar en otras iniciativas, más de ámbito ciudadano, fijándonos en experiencias de otros sitios, donde habían apadrinado piedras para restaurar iglesias.

 

(...)

Pasaron los meses y al párroco Juan Luis se le ocurrió dar unas tejas a los niños que ese año hacían su Primera Comunión. Les propuso que hicieran un dibujo o escribieran un deseo, para ponerlas luego en recuerdo de ese día y de su contribución al mantenimiento de la Iglesia. Esas tejas quedaron al pie del Retablo de la Virgen de Belén. Y allí seguían cuando llegué a hacerme cargo de las visitas durante ese verano. Un día estaba en la puerta de la iglesia, empezaron a entrar turistas, entre ellos un inglés, que al rato salió con una teja, que había cogido del altar, y cinco euros que él ofrecía por su cuenta. A mí, al ver esa imagen me dio un pálpito. Esto tenía que ser un designio divino. Que un inglés, que no conoce a nadie, se meta en el altar, coja una teja, venga con ella y diga que quiere pagarla... Me vino la luz. Cogí los cinco euros, entré a la sacristía, y aproveché unas tejas que habían sobrado. Le di una, le dije que dejase el mensaje que quisiera, que luego la pondría con las demás. Y así nació la iniciativa “Tú también puedes poner una teja”. Luego fuimos involucrando a personas de Laredo, como Antuán, que hizo un vídeo firmando la teja, Amavisca, Ruth Beitia, el presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla… y así, hasta que por parte del Obispado, del Ayuntamiento y del Gobierno de Cantabria decidieron tomar el testigo y asumieron llevar adelante el proyecto, aportando cada una 100.000 euros. Pero fue bonita la iniciativa, porque tomaron parte desde ciudadanos de a pie, a asociaciones pejinas, las corales que venían a las Primaveras Musicales Pejinas… Hoy estamos más cerca del arreglo de una cubierta cuyo estado es lamentable.

 

Adentrémonos en el templo. ¿Qué es lo que más les impacta a los visitantes?

En general, la gente se queda pasmada por la envergadura del edificio. Es una iglesia que por fuera no tiene esa esbeltez de una iglesia gótica, de una catedral al uso, es muy austera. Sin embargo, cuando atraviesas el pórtico y descubres los pilares, los espacios… es un lugar que sorprende. Y luego, la gente que deambula, que la recorre de alante atrás, de esquina a esquina, se queda admirada de cómo aquellos laredanos de hace 800 años arrancaron con un edificio tan espectacular, con ese aspecto tan majestuoso. Si a eso le añadimos que en el siglo XV se trajo un tríptico de Flandes que es una joya del gótico flamenco en la Península Ibérica, pues apaga y vámonos. Tenemos la conjunción de dos obras de arte en un mismo sitio, y que dejan al visitante encandilado, ya no te digo si encima es amante del arte.

 

Tu curiosidad te ha llevado a hacer muchos hallazgos

Aquí se han ido a juntar el hambre y las ganas de comer. En este caso, una iglesia, con muchas cosas que contar, y una persona con mucha curiosidad por saber esas cosas que cuenta. Recientemente, en una conversación preparando una visita, una amiga me dijo: Fernando, esta iglesia tiene un idilio contigo. A ti te cuenta las cosas que no le ha contado a nadie. Puede ser que sea así o puede que sea una curiosidad innata. Yo siempre he sido un amante de la historia, del arte y del patrimonio. Desde pequeño. Es como al que le ha gustado mucho el fútbol e iba siempre con el balón. Pues yo siempre iba con un libro, con algún papel. Es un don o una maldición. Cuando llegué a Santa María, al principio, ni me planteaba investigar, porque daba por hecho que la gente sabía mucho más que yo al respecto. Luego te pones a leer, y a contrastar lo que lees en algunas revistas con lo que tienes delante. Y comienzas a hacer hallazgos. Y descubres que a un ángel encima de la coronación, al que le faltaba un ala, se la han colocado hacia abajo, quitándosela a San Gabriel. Y así está desde vete tú a saber.

 

O las medidas de la iglesia

Cierto día me puse a mirar unos planos del siglo XIX sobre el edificio, y en ellos la iglesia tiene una simetría perfecta, los pilares están unos detrás de otros, los cuadrados y los rectángulos son casi perfectos, todo está muy bien dibujado. Pero si simplemente te pones a caminar por allí, te das cuenta de que las bases de los pilares son diferentes, la altura es diferente, la distancia es diferente, y que no guardan la línea. Es cuestión de fijarse. Entonces reparas en que el plano fue una recreación que hizo el arquitecto de turno para dejar las cosas bien hechas y bien casadas, pero el edificio en verdad, cuando se originó, no cumplía con todos esos parámetros que hoy en día se dan por buenos. Lo mismo pasa con los capiteles, tú los vas siguiendo, y te metes en la lógica de lo que intentaban transmitir en la época en que fueron realizados: vicios, virtudes, tentaciones, pecados… La Jerusalén celestial trasplantada en la Tierra. Todo tiene una trascendencia. Los canteros trabajaban en codos bíblicos porque querían darle a sus templos las medidas que Noé le dio al famoso arca, para hacerlo de alguna manera más adecuado a la voluntad de Dios. Una persona que tenga interés y profundice, poco a poco va descubriendo multitud de elementos en estos lugares sagrados.

 

Nada más entrar, una fotografía nos sorprende con un personaje misterioso

Una de las cosas que hemos comentado siempre es que la iglesia de Laredo es muy austera. Nace en un concepto cisterciense, de recogimiento, de ascetismo, en la vida y la liturgia. Pero claro, la historia del arte es la historia de la moda, los patrones van cambiando, los conceptos también. En un momento dado alguien decidió que viendo que la iglesia era tan austera, había que decorarla, engalanarla. Y decidieron pintar los capiteles con pigmentos de aquella época. Posteriormente, la iglesia se encaló para evitar enfermedades, y aunque más tarde se trató de recuperar aquella policromía, en muchas zonas se perdieron la cal y la pintura. Sin embargo, hubo sitios que, por su inaccesibilidad, mantuvieron los capiteles pintados. En este lugar en concreto, yo reparé en una cara que, desde abajo, me parecía que tenía ojos, cejas y hasta los agujeros de la nariz. Como me encanta la fotografía, usé un teleobjetivo y disparé. El resultado es el que se ve en esa foto a la que te refieres. Y aquí hay un mensaje sobre el cantero. Hay que tener mucho amor, ganas y pasión por tu trabajo para subirte a doce metros de altura y ponerte a esculpir una cara de piedra con todos los detalles. El personaje representado no sabemos quién es, pero lleva ahí arriba siglos vigilando a todos los que se adentran en la iglesia y deambulan por ella. Hoy en día, cientos de años después, tenemos oportunidad de sacarlo de contexto, y bajarlo para que la gente lo vea, y descubra que hay esa figura escondida, y lo bien que se conserva para el tiempo que tiene. Si pudiera hablar, imagina lo que podría contar.

 

¿Cual es tu rincón preferido de la iglesia?

No tengo ninguno. La doy muchas vueltas, la he rodeado muchas veces, he ido de una esquina a otra, la he visto por dentro y por fuera…. es como una querencia del todo. No te puedes enamorar de la pierna de alguien. Te enamoras de la persona en su conjunto, de su forma de ser, de sus detalles…. A mí me encanta la iglesia con todo, con sus pilares agrietados, su suelo húmedo y sus piedras muchas veces oscuras, en algunos casos parcheadas de cemento…. Me muevo para acá y para allá. Hay días que la miro desde la balconada del órgano y me fijo en unos detalles. Otro día miro desde abajo y veo otras cosas. Igual hay personas que ya las vieron, pero no le dieron importancia. Cuántas personas te dicen: en esta iglesia me he bautizado, hice la comunión, me casé y aquí me enterrarán . Y les preguntas: ¿y ya te has fijado de que la base de este pilar y la de ese son diferentes? Y te responden: ah, pues no me había dado cuenta.

 

Un lema vital

Miguel Angel Montes me dijo una vez: no hay gente ni más ni menos capaz, simplemente hay que ponerse a ello. Cuando él reparaba en alguna de las cosas que había escrito, me remarcaba: “porque estás en ello, Fernando”. Si no le echas ganas a los asuntos y no pones empeño, no lo haces. Al final he llegado a la conclusión de que querer es poder. Y si no funciona, si a veces no puedes, al menos es el comienzo de una buena relación.

 

Una reflexión final

Escuché una vez al cura que aquí tenemos un problema: todos tenemos muchas ideas, muchos proyectos, muchas soluciones, pero no nos ponemos de acuerdo entre nosotros porque parece ser que no nos llevamos muy bien, y por eso todos esos proyectos que tenemos en común no llegan a buen puerto. Mientras que no nos pongamos todos a una, como en Fuenteovejuna, sobre qué medidas tomar para salir de este letargo, esto puede durar ni se sabe cuánto. Es más una cuestión de actitud, de buscar soluciones, que de esperar a que alguien venga a solucionarlo. Que va a ser que no. A lo largo de la Historia pasan cosas, pero tú tienes que ayudar a que ocurran. Si te quedas mirando y no haces nada, pierdes otra vez el tren, como tantas veces, en la vida y en la Historia. Nos pasa a todos. Y a Laredo, también. 

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