"Está claro que no nos equivocamos cuando apostamos por abrir"

 
​Rosa Angulo, presidenta de la Asociación de Guarderías y Escuelas Infantiles de Cantabria
01/09/2020 / ​Rosa Angulo, presidenta de la Asociación de Guarderías y Escuelas Infantiles de Cantabria

Texto: Javi González
 

Las guarderías infantiles privadas de Cantabria libraron una dura batalla tras el confinamiento para volver a la normalidad. Fueron pioneras al ponerse en marcha desde el 8 de junio. Y desde entonces vienen haciendo su trabajo sin mayores sobresaltos. Hoy suponen el mejor exponente de que el retorno a las aulas no tiene por qué traducirse en un caos, siempre que se sigan los protocolos y el sentido común. Lo explica con aplomo Rosa Angulo, de la Guardería Didajé de Laredo, quien desde el 2017 preside la Asociación de Guarderías y Escuelas Infantiles de Cantabria, tratando de defender las legítimas reivindicaciones de un sector que navega en un limbo legal debido a la indefinición de la administración.

 

Fuisteis pioneras en lo que a recuperar la normalidad se refiere

Nosotras el último día que trabajamos fue el 13 de marzo, porque tras el Decreto del Estado de Alarma del día 14 quedó claro que todos cerrábamos. Pudimos reabrir el 8 de junio. Y ello porque insistimos mucho ante la administración regional. En principio, desde el 25 de mayo que estábamos en fase 2, no había nada que nos impidiese abrir, pero nosotras no queríamos abrir así, sin que hubiese nada que nos lo impidiera. Queríamos abrir con apoyo, algo que nos autorizase, porque la situación es muy diferente. Estuvimos peleando mucho con la administración. Hicimos nuestro propio protocolo. Tras mucha incomprensión y mucho sinsabor, en un proceso agotador, viendo que íbamos a abrir desde el día 8, el Gobierno regional publicó el 7 de junio un decreto en el que explícitamente autorizaba la apertura de las guarderías infantiles privadas.

 

Suena un poco surrealista

Tenemos un problema que arrastramos desde 2008 aproximadamente. Las guarderías infantiles privadas de Cantabria no están adscritas a ninguna Consejería del Gobierno de Cantabria. Lo que implica que estamos en un limbo legal, nadie nos tutela, nadie nos autoriza. Por una parte haces un poco lo que quieres, pero no es justo para las familias, que no pueden obtener una bonificación de la cuota de la Declaración de la Renta, y eso deviene en una discriminación respecto a quienes acuden a otros centros. Al final, la familia no puede elegir libremente dónde llevar a sus hijos, sino que tiene que adaptarse en función de sus posibilidades económicas.

 

Puro sentido común

Normalmente todo el mundo está deseando que no le inspeccionen, que no le regulen. Pues nosotros estamos pidiendo lo contrario, que nos regulen, que nos inspeccionen, que nos controlen. ¿Por qué? Por varios motivos. El principal, para evitar mucha competencia desleal. Por ponerte un ejemplo, en Santander hay muchos centros de ocio que abren como bebetecas, o juguetecas, ofrecen las instalaciones que tienen, y acaban ofreciendo un horario de lunes a viernes. Es una competencia desleal, porque son guarderías encubiertas. Como no hay regulación o inspección, estamos vendidos. Puede llegar cualquiera, abrir un centro, ponerle un nombre acabado en “teca” y dedicarse a hacer algo para lo que en su mayor parte no están preparados. Y sobre todo, vamos a jugar todos con las mismas cartas. Si quieres dar educación infantil, y vas a atender de forma regular a niños de 0 a 3 años, tienes que jugar en la misma liga en la que estamos los demás. Ese es el principal reto, que nos regulen, para evitar la competencia desleal. Y para que las familias tengan una garantía. Que puedas poner fuera, en tu puerta, centro autorizado, reconocido, el español es un idioma riquísimo. Llámalo como te parezca, pero que la familia tenga una garantía de que yo hago mi trabajo en función de una normativa, y conforme a ella.

 

 

Pese a las trabas, ahí seguís

La semana pasada publiqué en nuestro facebook un escrito reflejando la satisfacción que sentimos porque estamos abiertos desde aquel 8 de junio. Nos felicitamos por haber podido brindar a las familias el servicio que necesitaban, permitiendo a los niños seguir educándose y socializándose. También es verdad que agradecemos la suerte que hemos tenido, porque evidentemente la hemos tenido. Ha habido algún susto, el típico niño que enferma de lo que han enfermado siempre los niños cuando no había COVID, pero que en la situación actual activa todo el protocolo higiénico-sanitario de prevención: el niño guarda ausencia, se le hace la prueba, da negativo y entonces vuelve. Sustos de estos ha habido varios en los centros que estamos dentro de la asociación. Pero felizmente, como dice una compañera, el tiro ha dado en el larguero, pero no ha habido gol. Por tanto, estos meses han transcurrido en una normalidad más que efectiva.

 

 

Vuestra experiencia demuestra que es factible retornar y contener la epidemia

Yo lo tengo más que claro. Desde el primer momento a las autoridades les dijimos que en las edades que nosotros trabajamos, fundamentalmente de 0 a 3 años, la distancia es imposible de mantener. Pero no solo es que sea imposible de mantener, es que tampoco es recomendable. El ser humano es un ser sociable. Un ser que necesita afecto. Y el afecto se demuestra con contacto. Si un niño se cae, no puedes mantener la distancia; para cambiarle el pañal o darle de comer, no puedes mantener esa distancia. Te voy a contar una anécdota: tras abrir el día 8 de junio, al día siguiente salimos al patio, donde tenemos los toboganes y demás juegos. Aquello era como en los dibujos de Speedy González, todos a todo correr, para arriba, para abajo, correr y saltar de forma continua. Porque durante todo el confinamiento no habían podido salir a la calle. Y cuando pudieron salir a la calle, los parques infantiles estaban cerrados. Necesitaban encontrarse con otros niños y necesitaban moverse. Ese día dije: teníamos que abrir. Está claro que no nos hemos equivocado.

 

(...)

En cuanto a mantener el contagio a raya, un ex consejero de Sanidad hablaba de las tres emes a cumplir: Mascarilla, Metros y Manos. Aquí, los metros, imposible. La mascarilla, en nuestro caso empezó siendo pantalla, porque era más cómoda y más fácil para que los niños te siguieran viendo tal cual. Pero al hacerse obligatoria la mascarilla, nos la pusimos. Respecto a la higiene de manos, ni te sé decir las veces que se las lavamos. En el protocolo que han elaborado para los colegios hablan de unas cinco veces. Eso lo hacemos nosotros con la gorra. Les limpiamos las manos al entrar; antes de salir del centro, cuando volvemos del patio; antes y después de comer. Muchas de estas acciones ya se hacían antes, lo que pasa es que ahora se hacen con un poco más de intensidad. Las manos de los niños están limpias, y eso lo ves porque normalmente donde los niños ponen las manos dejan unas marcas indelebles, y ahora esas marcas ya no quedan. Por supuesto, los juguetes se higienizan después de cada uso, lo que da un trabajo horroroso, pero lo hacemos. Es decir, que todo lo que tocan los niños está limpio. Por lo cual, si el contagio se da por las manos, se lo hemos puesto muy difícil al virus.

 

Resulta alentador escucharlo

Además de esas medidas higiénico-sanitarias, también es verdad que por parte de los padres tiene que haber una cultura de la responsabilidad. No estamos en el momento para ir de fiesta. A lo mejor no hay que celebrar los cumpleaños; igual hay que tener una vida social, no digo que monacal, pero sí más restringida. Si no buscamos grupos de riesgo, estamos protegiendo a nuestros niños. Porque luego el día que nuestros niños se contagien, y no vayan a poder ir al aula, nos vamos a tener que quedar en casa sin poder ir a trabajar. Yo entiendo que, si los centros adoptan las medidas higiénico sanitarias que marcan el sentido común y los protocolos, y los padres se comprometen a mantener un tiempo libre y de ocio en unos niveles razonables de relación, siempre respetando las medidas higiénico-sanitarias, el riesgo de contagio es mínimo. Existe, claro que existe, pero es mínimo.

 

 

¿Qué otras pautas les dais?
Para entrar en el centro tenemos un felpudo higienizante, que hay que pisar, se limpian las manos y se toma la temperatura. Es decir que ahora mismo los niños en nuestros centros están, si cabe, más seguros que antes. Y me explico. Antes era perfectamente posible que el niño entrase hasta con 38ºC de fiebre. El padre te decía que había que darle Dalsy, que si sería la boca, un catarro...y ahí se quedaba. Ahora no. Si en la toma de temperatura tiene fiebre, no entra. Estamos garantizando más seguridad que antes. En el caso de que a un niño le sobrevenga la fiebre una vez dentro, los padres tienen que venir a recogerle. Es decir, que esa seguridad está ampliada frente a lo que había antes.

 

A estas edades su sistema inmunitario se va fortaleciendo

El otro día leía en una entrevista que el hecho de que los niños sean tan sumamente sensibles a los virus catarrales, es una de las hipótesis que se barajan para que sean poco contagiados y poco contagiadores, porque de alguna manera su cuerpo se está defendiendo con más precisión que el de los adultos, que ya han pasado esa etapa de adquisición de inmunidad.

 

Sois una pieza fundamental en la sociedad. Si falláis, el engranaje no marcha

Efectivamente. La incorporación masiva de la mujer al mercado laboral se hizo cuando ni siquiera existía el concepto de conciliación personal y laboral. Ahora se ha visto nuestra importancia. Quienes han tenido que teletrabajar, teniendo a los niños en casa, han visto lo difícil que resulta, casi inviable.

 

¿Cuántos profesionales integran este sector?

Es un dato estimativo, porque al no depender de ninguna Consejería, no existe un censo real. Algunas guarderías privadas dependen de Educación porque han cumplido los requisitos que establece. Si las descontamos, podemos calcular que somos alrededor de unas cuarenta guarderías infantiles privadas, y eso se traduce en unos 200 trabajadores y unas 1.500 familias.

 

¿Cuáles son vuestras reivindicaciones principales?

La principal es salir del limbo en el que nos mantienen.Hemos mantenido dos reuniones con la Consejera de Educación, pero no terminamos de ver una solución. Sinceramente. Si se flexibilizase el criterio de metros cuadrados que impone Educación, podríamos entrar tranquilamente. En el Decreto que se promulgó en 2007 de centros infantiles, se plantea la Educación Infantil a futuro. Perfecto. Prevé aulas de un mínimo de 30 metros. Lo que no hace es considerar lo que venía de atrás. Es decir, cuando Educación ni se planteaba atender a los niños, las guarderías ya estábamos ahí. Educación no ha considerado el trabajo que venimos haciendo. Decretó a futuro, y me parece bien, pero no dio la entrada con facilidades al pasado. Era muy sencillo haber incluido una disposición adicional que contemplara una flexibilidad para aquellas guarderías que venían funcionando. El decreto contempla que haya unos dos metros cuadrados por niño. Por tanto, se miden las aulas que tú tienes, y si tienes 24 metros, te caben 12 niños. Tan sencillo como eso. Porque luego, lo que es el personal, está perfectamente titulado. Son educadores infantiles. Si Educación quisiera, la solución sería sencilla. Y encima no estamos pidiendo dinero. Es que no les costamos nada. Te voy a poner un ejemplo. Te planteas abrir ahora un bar y te exigen tener un aseo adaptado a minusválidos, porque así se dispuso en una norma. Está decretado a futuro. Pero a nadie se le ocurrió cerrar aquellos bares que ya estaban abiertos antes de aprobarse esa disposición y que carecían de dichos aseos. La ley no puede ser retroactiva.

 

En resumen. Podríamos depender de Educación si Educación flexibiliza metros; podríamos depender de Servicios Sociales lo mismo que dependen los CAPIs; o podríamos depender de Vicepresidencia, que lleva la Consejería de Igualdad y Conciliación, donde encajamos perfectamente. Si se quisiera, se podria. pero no se quiere. ¿Por qué? Esa respuesta no la tengo. Están dejando que nos muramos. Pero en este momento les ha salido el tiro por la culata, porque hemos sido la privada la que nos hemos puesto en marcha para poder facilitar a las familias que volvieran a sus puestos de trabajo.

 

 

Pura cuestión de supervivencia

Lo que no puede ser es que nos convirtamos en un país de subsidios.Es imposible un nuevo confinamiento, el país se va al garete. ¿De dónde va a salir el dinero para pagar al que se queda en casa? ¿O es que vamos a vivir del aire? Un nuevo confinamiento como el que hemos vivido es imposible, inviable. Podrá hacerse algo por pueblos concretos, pero más bien en lo relativo a no promover entradas o salidas del pueblo. Pero el país tiene que moverse, tiene que arrancar la economía. A pesar de todo, y espero equivocarme, a partir de octubre nos espera un problemón serio. Mucha gente va a ir al paro, ya veremos lo que da de sí esto.

 

No se entiende esa cerrazón de la Administración

Si estuviéramos adscritos a una Consejería, las madres tendrían derecho a la deducción en la cuota de IRPF. Ahí sí estaríamos en igualdad de condiciones, porque entonces las familias elegirían con libertad si llevar a sus hijos a un centro público o a una guardería privada. Las propias familias te lo dicen: me voy al cole, al aula de dos años, porque es gratis. Por cierto. El Gobierno de Cantabria este año 2020 tendría que haber sacado la subvención para bonificar los gastos de guardería de 2019, y aún no lo ha hecho. Es una cosa que se hace a año vencido, y que se cobra casi a dos años vista de haber soportado el gasto. Pero bueno, si se perciben 80 euros al mes , al año son 960 euros, que aunque se cobre un año más tarde, lo cobras. Pero el Gobierno de Cantabria aún no ha sacado la subvención para bonificar los gastos de guardería de 2019. Así estamos. Y a pesar de todo, las familias siguen confiando en nosotros. Algo haremos bien.

 

Tu ímpetu no decae. ¿Cuántos cursos llevas a tus espaldas?

Yo empecé en 1991, voy camino de los 30 años. Antes de esto, yo trabajaba como psicóloga. Puse un gabinete con una amiga, que era pedagoga. Ella se quedó embarazada y buscó guardería para meter a su niño mientras nosotras trabajábamos. Pero lo que vio no le sedujo lo más mínimo. No podía ser en la pública, porque cuando aquello recuerdo que cerraba a las 16:30 horas, y no trabajaban en agosto. Entonces mi compañera me planteó la idea de poner una guardería. Luego, ella marchó de Laredo y yo seguí con la idea. Y me lancé. Fue una decisión de la que nunca me he arrepentido. Fue la mejor decisión que pude tomar, porque es una experiencia muy enriquecedora. Los niños te lo devuelven todo, y a treinta años vista ves niños que han sido tuyos y es muy gratificante.

 

¿Dónde estuvo vuestra primera sede?

Yo empecé en un local en la parte del primer Ensanche de Laredo, cerca de las casas de los pescadores, entre la playa y el puerto, en la esquina opuesta a donde está La Casona. Y ahí estuve de 1991 a 1997. Viendo que la idea tuvo muy buena acogida y que funcionaba, decidimos, en lugar de estar de alquiler en un local, tener un sitio propio. Buscando y buscando dimos con la ubicación donde estamos actualmente, en el barrio de La Pesquera, nos liamos la manta a la cabeza, y aquí nos vinimos en noviembre de 1997.

 

 

 

Acláranos el nombre: Didajé

Fue el nombre que le pusimos al gabinete psicopedagógico. Didajé es la raíz griega de la palabra “didáctica”. Nos parecía que describía muy bien el trabajo que hacíamos. Cuando me lancé a la guardería, me pareció que el nombre seguía siendo válido: es aprendizaje, es es enseñanza, es didáctica. Y lo conservé

 

Siendo tan pequeños los niños, ¿se acuerdan de vosotros con el tiempo?

Sobre todo los padres. En los niños, hay un grupo que, además de la época de la guardería, luego siguen en verano en los grupos para más mayores. Ellos sí te recuerdan, porque ya tienen 5-6 años. Luego hay casos curiosos. El jueves pasado vino a saludarme la madre de una niña que ya tiene 18 años. Vivían en Gama y luego se marcharon a vivir al extranjero. De regreso de vacaciones a Laredo, ha venido a saludarme. No puedes imaginar la satisfacción que eso me da. Son cosas que te llenan de orgullo. Gente que te ve por la calle, a mí o a Jose, que sale más, le saludan, se siguen acordando, les ves crecer. Eso no se paga con dinero.

 

¿Qué cambios has notado?

Ha cambiado todo mucho. Los padres están más perdidos que al principio. Nos hemos formado mucho, hemos leído mucho, pero a veces tenemos la sensación de que la wikipedia no ayuda tanto. Antes los padres tenían cuatro ideas claras, y las llevaban a la práctica. Podían equivocarse, pero eso no era malo para los niños. Si yo tengo decidido que no puedo dejar que te subas por las paredes, no te dejo y no te dejo. En el momento en que los padres empiezan a leer mucho sobre Educación, sobre Psicología, sobre Pedagogía, empiezan a tener dudas: es que, si le riño, igual le creo un trauma. Han empezado a dudar, y lo peor que se puede hacer en educación es dudar. Tú tienes que tener claro lo que quieres hacer, para qué lo quieres hacer y a dónde quieres llegar. Los padres están bastante perdidos, dudan mucho. Está sobreprotegiendo en exceso a los niños, no les estamos educando para tolerar la frustración, y al final pasa lo que pasa. Se nota desde pequeños, por una pérdida de horizonte de los padres. Por no tener las cosas claras, por dudar en exceso. Si eres sistemático, tu hijo va a crecer con seguridad, va a saber que por esa puerta no le vas a dejar pasar. Si un día le dejas pasar por esa puerta y otro día no, tu hijo no va a generar una identidad, una normativa, va a estar a expensas de que alguien venga y le lleve por aquí o le lleve por allá.

 

Aplastante

Otro de los temas son las pantallas. Le damos a los niños un móvil , el nuestro o uno adaptado, antes de que tenga capacidad para hacer nada con él. Ve esas imágenes, se entretiene, pero un niño de la edad de la guardería lo último que necesita es un móvil. Lo que necesita es moverse por el suelo, subir, bajar…. Ese es un cambio que trae la tecnología. Que no es mala en sí misma, pero hay que saber usarla. Hay expertos que sostienen que antes de los seis años debería estar restringido totalmente su uso.

 

Y otro cambio que he visto es que antes, cualquier cosita que hacías, te lo agradecían. Ahora parece que es como una obligación. Antes era excesivo el agradecimiento, y ahora se es poco agradecido, parece que todo lo que nos lo dan es obligado que nos lo den. Nos estamos olvidando de decir “gracias”.

 

¿Cuál es tu lema vital?

Es algo que tuve claro desde que soy madre, y me parece que no me equivoqué: yo quería que mis hijos, cuando crecieran, fueran a la vez, adultos responsables y personas felices. Creo que si tú peleas con tus hijos para que eso vaya a buen puerto, lo tienes todo.

 

Si miras al horizonte, ¿qué ves?

Yo ya tengo 62 años, no pienso en la jubilación como algo que esté a la vuelta de la esquina, pero tampoco está muy lejos. Yo estoy contenta, me siento bien, me encanta mi trabajo, me parece que precisamente por ese despiste de los padres la gente de determinada edad somos muy útiles. Mi visión hacia adelante es, mientras pueda, seguir haciendo esto, que me encanta. Y luego, cuando me jubile, yo no voy a ser una persona que se vaya a quedar en su casa quieta. Yo me veo siempre haciendo algo.








 
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